Un grito silenciosos más acumuló en su interior. De nuevo las lágrimas asomaron por sus ojos, esos ojos que no tenían nada en especial. Marrones como la mayoría de las personas de la tierra. Comunes, simples, vulgares.
Un rayo los iluminó desde la ventana. El hecho de mirar hacia algo brillante siempre la ayudaba a tragarse las tan amargas lágrimas que le producían un nudo enorme en la garganta. No era de las que les gusta llorar delante de la gente. No quería que nadie la viera. Tampoco es que lo hiciera muy a menudo, pero cuando veía que necesitaba hacerlo, intentaba hacerlo sola. No necesitaba a nadie que le dijera que todo se arreglaría, porque sabía que hay cosas que no tienen marcha atrás, que no volverían a ser lo mismo, por lo que, ¿para qué engañarse diciéndo que todo iría bien?
Un rayo los iluminó desde la ventana. El hecho de mirar hacia algo brillante siempre la ayudaba a tragarse las tan amargas lágrimas que le producían un nudo enorme en la garganta. No era de las que les gusta llorar delante de la gente. No quería que nadie la viera. Tampoco es que lo hiciera muy a menudo, pero cuando veía que necesitaba hacerlo, intentaba hacerlo sola. No necesitaba a nadie que le dijera que todo se arreglaría, porque sabía que hay cosas que no tienen marcha atrás, que no volverían a ser lo mismo, por lo que, ¿para qué engañarse diciéndo que todo iría bien?
Verdaderamente, todo lo veía negro ese día. Su madre siempre le decía que las cosas se veían mejor al día siguiente, pero cada día que pasaba, todo iba empeorando. Más gritos callados, más lágrimas tragadas y sobre todo, más palabras silenciadas y más odio hacia sí misma por haberse callado. Todo ello la consumía todos los días y seguiría siendo así hasta desaparecer un día de estos.



No hay comentarios:
Publicar un comentario
¡Te cambio un comentario por un peso menos de encima!