El calor de la habitación la abrasaba, y eso no la ayudaba nada a dormir; y por
tanto, a dejar de pensar. Y pensar no era nada bueno. Lo evitaba a toda costa.
Pensar hacía que terminase con dolor de cabeza, rallada, frustrada y enfadada
consigo misma.
La verdad, no llevaba una buena racha. Hacía tiempo
que la mala racha había empezado. Se juntaban cosas y más cosas que la
consumían por dentro y todo era culpa suya. Podría hablarlo con alguien,
quitarse el peso de encima, pero todo se lo guardaba. Por miedo a molestar, a
ser juzgada y demás.
Toda esta pesadilla había empezado hacía tiempo, no
sabía cuánto exactamente, pero sí sabía el por qué.
Un cambio, un "pues ahora vengo y pongo todo
patas arriba".
Ese estúpido cambio la había jodido bien, no sólo a
ella, sino a los de su alrededor, y eso la hacía sentir más impotente todavía.
Su abuela se estaba muriendo.
Ya nada volvería a ser lo mismo. Ya no habría más
veranos en su casa, ni comidas caseras, ni tener el alivio de llegar a su casa
en invierno y sentarse al lado de su brasero, el brasero más calentito que
podía existir, que a veces llegaba el punto de que el calor te sobrepasaba la
piel y te llegaba a las venas. Ya no habría más veranos sentados en la puerta
junto con las vecinas y hablar de cualquier cosa. Se acabaron las noches de
verano en su casa, ya no podría entrar de nuevo a esa casa. Quizás cuando
pasase mucho, muchísimo tiempo, quizás pudiera, pero no ahora, no
recientemente. La puerta se había cerrado desde que ella había sido trasladada
a casa de sus hijas para ser cuidada mejor. Y, desgraciadamente, llegaría el
día en el que tendrían que abrir la puerta y todos los recuerdos y su olor
característico a jazmines los golpearía a todos en la cara. Y digo
desgraciadamente, porque abrir esa puerta significaría que ella se habría ido,
para siempre.
Maldita sea, se le hacía un nudo enorme en la
garganta cada vez que recordaba todo lo que había vivido con ella y sobre todo
cuando llegaba el momento en que pensaba que no podría repetir. Ya no habría
bis.
Todo había cambiado. Ella había cambiado y también
su abuela. Por culpa de la enfermedad, ya ni siquiera tenía la misma cara. La
nariz rechoncha que había tenido se había convertido en una nariz pequeña y
puntiaguda. Ya ni siquiera podía levantarse de la cama, tenía heridas por todas
partes y había veces que ni siquiera se acordaba de sus nietos. "No
se merece que le esté pasando esto" pensó. Había sido la mejor persona que
había conocido en su vida. Risueña, buena, siempre preocupándose por sus
nietos cuando se iban de viaje, llamando todos los días.
Ya no habrá más de eso. Ya todo ha cambiado.
♥



''Un cambio, un 'pues ahora vengo y lo pongo todo patas arriba''.Jo, me define tanto este texto que me encanta, y el título de tu blog pues es un puntazo, y que lo expliques es genial*-*, a partir de ahora me intentaré pasar por aquí muy amenudo
ResponderEliminarSi tienes un rato, dos minutos, pásate por donde yo escribo, y si te gusta hazmelo saber porfavoris.
http://22manerasderompermeelcorazon.blogspot.com.es/
Un abrazo de panda, de una pequeña patatita<3
He visto tu último comentario pero en mi entrada anterior no hay ningún comentario tuyo. Si es importante vuelve a escribírmelo cariño. Estaré encantada de ayudarte en lo que pueda, cielo.
ResponderEliminarResumidamente: casi me hiciste llorar.
ResponderEliminarPensé mucho en mi abuelo al leer esto. Creo que nunca me gustó tanto una entrada
Un beso, y gracias por comentar en mi blog :)
Estoy muy sensible estos días y sin duda esto me ha emocionado muchísimo, me identifico con eso de los cambios bruscos... sin duda una entrada increíble cielo! Siento haber estado desaparecida de blogger <3
ResponderEliminarCapítulo 13 en mi tablón :)
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