Las hojas de los árboles caían lentamente al suelo desnudo. Comparado con otros días, aquel lugar estaba demasiado animado, sin embargo, reinaba el silencio y el silbido del viento.
Siguió caminando, pasando por muchas, muchísimas lápidas, todas ellas guardando un secreto, una historia y un pequeño corazón que un día palpitó sin cesár. Entre todas ellas destacaba una tumba cubierta por guirnaldas gigantescas hechas de flores de mil colores, y una larga cinta que decía: "Tu familia y tus amigos, nunca te olvidarán". Y una pequeña nota escrita con letra, difícil de entender, quizás de un niño pequeño, que decía: "Eres grande, hermanita".
De repente algo la desconectó de su mundo; el llanto de una niña pequeña en frente de todas las flores; el llanto frente a la tumba de su hermana pequeña de tan solo 5 años que había muerto por un problema de corazón hace poco. La chica del abrigo rojo sintió en impulso de ir corriendo a su lado y abrazarla fuertemente, pero se obligó a seguir su camino.
Y por fín llegó a su destino. Un enorme panteón hecho de piedra brillante. Tenía toda la pinta de ser de una familia magestuosa, adinerada y elegante. Como siempre, se asomó por el cristal y tras hacer la señal de la cruz, contempló las cuatro tumbas puestas en fila.
Mas no era allí donde pondría su flor, su margarita.
Pasó por el lateral del panteón y llegó hasta el otro lado, donde se hallaba un pequeña cruz puesta verticalmente encima de una tumba. Instintivamente se le saltaron las lágrimas; primero intentó controlar sus emociones, pero cuando no pudo más rompió a llorar desconsoladamente. Cayó de rodillas frente a la tumba y colocó con delicadeza la margarita encima de la lápida. En un minuto revivió, en su mente, todos los momentos vividos junto a él: tanto las risas, como los llantos y los enfados que luego él arreglaba con uno de sus dulces besos.
Allí, debajo de aquel castaño, estaba la tumba de su amante, su tesoro más preciado, al que juró amor eterno y que ahora, más que nunca, se juró cumplir.
En ese momento, el viento, quien había acompañado a la chica todo el tiempo, susurró una frase que la hizo estremecerse:
"Te quiero, y lo haré siempre".
Ella sonrió y se dijo a sí misma:
"Yo también lo haré, amor"



Por muchos años que pase y por mucho que uno quiera, hay personas que nos marcan para siempre, como grabado a fuego.
ResponderEliminarEsta entradita me ha marcado bastante, me he sentido como si estuviera allí, tras aquel castaño observando, a simple vista, la chica del abrigo rojo llorando por su pérdida pero que por dentro estaba tan unida que nada los separaría, ni la propia muerte.
Un 'me encanta' para este texto. <3
ES realmente precioso y conmovedor..
ResponderEliminarSobre todo en estas fechas, ya que aparte de ser el día que es hoy, hace una semana murío una persona que era muy importante para mí.
Gracias por hacerme sentir tantas cosas con tan sólo unas pocas palabras:)
Un besito y si te apetece, cotilleamo el bloG:)
www.whatthefuckmeanslove.blogspot.com
No miento ni exagero si te digo que me has estremecido, tus palabras son preciosas.
ResponderEliminarMe gustaría que leyeras mi ultima entrada, tienes un premio esperándote! :)
Un beso!
Madre, me has hecho emocionarme jo, es precioso el texto.
ResponderEliminarCapi 16 en http://pensamientosdeunachicasinataduras.blogspot.com/ :)
ResponderEliminarQué bonita historia, a pesar de ser tan triste. Me has emocionado con el hecho de que, aunque nunca jamás puedan estar juntos, su amor sea eterno.
ResponderEliminarMe ha gustado mucho tu blog, así que te sigo :)
Si te apetece pasarte, aquí tienes el mío:
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¡Un beso!