No podía reternerlo más. Cojió la caja de mala leche y la tiró encima de la mesa haciendo que todo el polvo que guardaba aquel garaje viejo y húmedo se esfumase. Y con todas su fuerzas gritó:
-¡Nunca más volveré a enamorarme!-
{Aunque en el fondo sabía que eso no era cierto. No era nada cierto.}


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